Bastaba mirarla para que una tristeza infinita se le comenzara a meter a uno por la nariz, como humo de elotes quemados.
Tía Aurora tenía los ojos embarrados de soledad. La mirada siempre como atravesando la nada, como a punto de llorar.
Era menudita y blanca. Unas líneas verdes como hilos mal bordados se le trasparentaban en los brazos, en las manos, en la cara. La boca, como en una mueca indecisa entre sonrisa y sorpresa. Medio abierta, medio arqueada.
Caminaba sola por los jardines de la casa, al lado de las bugambilias que rodeaban como enamoradas un viejo pozo de agua que hacía años había dejado de funcionar para eso y que servía solo para asustar a los niños con el cuento de que abajo vivía "la cosa mala".
A los 14 conoció a Santiago y quedó perdidamente enamorada de ese hombre perfecto como misa de medio día. Con olor a lavanda y caminar de señor de hacienda.
Durante cuatro años Santiago le juró amor eterno. Durante cuatro años soñó con la tía Aurora, envejecida y arrugada, sentada a su lado en una mecedora mirando juntos el mar. Tomados de la mano esperando la puesta de sol.
Durante cuatro años la visitó, primero a escondidas atrás de la iglesia y luego con el permiso de don Javier, padre de la tía Aurora, a quien Santiago convenció de sus buenas intenciones hablándole de ajedrez y de contabilidad.
Cuatro años pasó la tía Aurora aprendiendo a leer las cejas de Santiago. Reconociendo sus olores. Saboreando sus pasos. Respirando el aire olor a lavanda que dejaba al caminar.
Y un día, jueves como el día de la matanza de Corpus, Santiago se sentó en la banca decolorada de la plaza de la iglesia, tomó la mano de Tía Aurora y sin dejar de mirar las piedritas de río que rodeaban las patas de la banca decolorada de la plaza de la iglesia, le dijo que algo había cambiado dentro de él y que el rostro avejentado sentado en la mecedora había desaparecido junto con sus deseos de esperar con ella la puesta de sol.
Dicen que junto con las campanadas que llamaron a misa de seis y que sonaron justo en ese momento, se escuchó a la tía Aurora romperse en pedacitos, y caer sobre las piedritas de río que rodeaban las patas de la banca decolorada de la plaza de la iglesia... nunca más pudo volver a oler lavanda sin ponerse a llorar.
viernes, 21 de septiembre de 2012
Equipaje emocional...
Antes, hace unos años, empacar era igual de sencillo que desempacar.
Pero pasa que te estableces. Que pintas las paredes de tu casa, acomodas botellas de vino vacías en la ventana de la cocina, compras las llaves del lavabo, pones cuadros en el baño, combinas las cortinas con el tapete de la sala y eliges un lugar para colgar el llavero... y entonces todo se vuelve más difícil.
Y por si fuera poco, pasa que llega el hombre que te hace poner flores en la mesa, que te llena las mañanas, que logra que aprendas a guisar arroz... y luego los perros que te entretienen horas jugando con una caja de cartón, que te encantan con la mirada... y entonces la cosa se torna casi irreversible.
Y hacer maletas entonces se vuelve un calvario. Una agobiante labor que parece consumirte el alma, que te dobla los huesos, que te oprime el pecho.
Y sientes que se te derriten las fuerzas.
Y ves los huecos en la casa y son como ver huecos tuyos. Un closet medio vacío es un pulmón que falta. Una caja con zapatos son ampollas en la espalda, una maleta reventando es el corazón que se te sale por la boca.
Y respiras, fuerte, lo más que puedes... y miras a tu alrededor y sientes que sobra tanto. Tanto espacio, tanto tu...
Pero pasa que te estableces. Que pintas las paredes de tu casa, acomodas botellas de vino vacías en la ventana de la cocina, compras las llaves del lavabo, pones cuadros en el baño, combinas las cortinas con el tapete de la sala y eliges un lugar para colgar el llavero... y entonces todo se vuelve más difícil.
Y por si fuera poco, pasa que llega el hombre que te hace poner flores en la mesa, que te llena las mañanas, que logra que aprendas a guisar arroz... y luego los perros que te entretienen horas jugando con una caja de cartón, que te encantan con la mirada... y entonces la cosa se torna casi irreversible.
Y hacer maletas entonces se vuelve un calvario. Una agobiante labor que parece consumirte el alma, que te dobla los huesos, que te oprime el pecho.
Y sientes que se te derriten las fuerzas.
Y ves los huecos en la casa y son como ver huecos tuyos. Un closet medio vacío es un pulmón que falta. Una caja con zapatos son ampollas en la espalda, una maleta reventando es el corazón que se te sale por la boca.
Y respiras, fuerte, lo más que puedes... y miras a tu alrededor y sientes que sobra tanto. Tanto espacio, tanto tu...
jueves, 20 de septiembre de 2012
Ir al cine siempre es una aventura. No sé si es particularmente mi mal karma o simplemente que el cine es el lugar ideal para que la gente saque lo peor de sí.
Miles de historias se han escrito sobre los especímenes que habitan en esa jungla de butacas y palomitas.
El que compra todo lo que hace ruido. Pasitas con chocolate envueltas en plástico super resistente el cual tiene que ser estrujado con lujo de fuerza para abrirse... las palomitas más crujientes del mundo... el refresco con el popote más largo, el cacahuate más tostado... y así.
Está, por supuesto, el que cuenta la película. El que ya la vio, pero le gustó tanto que tuvo la genial idea de ir de nuevo para ir "guiando " a los demás espectadores con sus acotaciones precisas... "ahí es donde le dice que él no es quien creía...", "orita viene la parte donde explota...mira... espérate... ahí está!", "aaah, esa parte es muy buena, es como la clave de toda la película... chécala"... son de los mejores, no lo pueden negar.
Cómo olvidar a los críticos de arte... esos que toda la maldita proyección se la pasan diciendo que esa escena está espectacularmente bien realizada, esa otra como que le faltó intensidad.. ahí al actor como que no le crees, pero esa otra es una actuación de premio, aunque todo se lo deben a la excelente dirección. Sí pendejo Cohen.
Pero a mi los que más ternurita me dan son los "visionarios". Aquellos que no han visto la película, pero se sienten paridos por Zeus y nadie los engaña con enredos cinematográficos.
"Va a ser ella la mala... vas a ver". "Ahí se va a levantar y lo va a asustar", "seguro ese se lo va a robar"... y lo peor es que no le atinan a nada!! pero perseverantes sí son, así que hacen caso omiso de su falta de talento predictivo y siguen, y siguen...
Definitivamente ir al cine es toda una aventura en donde muchas veces, la película es lo de menos.
Por cierto, sí, Ted está divertida. Y no, no se levanta para asustarlo.
Miles de historias se han escrito sobre los especímenes que habitan en esa jungla de butacas y palomitas.
El que compra todo lo que hace ruido. Pasitas con chocolate envueltas en plástico super resistente el cual tiene que ser estrujado con lujo de fuerza para abrirse... las palomitas más crujientes del mundo... el refresco con el popote más largo, el cacahuate más tostado... y así.
Está, por supuesto, el que cuenta la película. El que ya la vio, pero le gustó tanto que tuvo la genial idea de ir de nuevo para ir "guiando " a los demás espectadores con sus acotaciones precisas... "ahí es donde le dice que él no es quien creía...", "orita viene la parte donde explota...mira... espérate... ahí está!", "aaah, esa parte es muy buena, es como la clave de toda la película... chécala"... son de los mejores, no lo pueden negar.
Cómo olvidar a los críticos de arte... esos que toda la maldita proyección se la pasan diciendo que esa escena está espectacularmente bien realizada, esa otra como que le faltó intensidad.. ahí al actor como que no le crees, pero esa otra es una actuación de premio, aunque todo se lo deben a la excelente dirección. Sí pendejo Cohen.
Pero a mi los que más ternurita me dan son los "visionarios". Aquellos que no han visto la película, pero se sienten paridos por Zeus y nadie los engaña con enredos cinematográficos.
"Va a ser ella la mala... vas a ver". "Ahí se va a levantar y lo va a asustar", "seguro ese se lo va a robar"... y lo peor es que no le atinan a nada!! pero perseverantes sí son, así que hacen caso omiso de su falta de talento predictivo y siguen, y siguen...
Definitivamente ir al cine es toda una aventura en donde muchas veces, la película es lo de menos.
Por cierto, sí, Ted está divertida. Y no, no se levanta para asustarlo.
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