domingo, 7 de octubre de 2012

Los ojos de Silvana

Mujer frente al espejo | Picasso
Esa fría mañana de domingo, los ojos de Silvana cambiaron de color.
Cuando se paró frente al espejo, éste le devolvió de golpe el reflejo de una figura triste y deslavada, como pared expuesta al sol.
En sus ojos, aquel negro absoluto que la había acompañado por años, dejó lugar a un tímido gris, como si toda ella se hubiera secado por dentro.
Antes de esa mañana, Silvana dedicaba las tardes a tejer palabras con las letras que se le escondían en las manos, entre los dedos, por debajo de las uñas. Tejía frases de amor para los ilusos y las regalaba a cambio de nada.
Pero ese domingo, frío como bala en la cabeza, también se le extraviaron todas las letras que servían para armar palabras lindas y le quedaron nada más siete, con las que solo pudo tejer: muérete.




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