Don Ramón nunca ha ido a la capital. Nunca le dio ilusión salir de
Reynosa...hasta ahora. Ahora dice que si tuviera modo ya estaría en el
DF apoyando a su "gallo".
"Yo ya anduviera allá, pero no estoy pa esos trotes. Además es dejar
de jalar y eso es igual a dejar de comer, y pos así no costea",
explica mientras espera el verde del semáforo y acomoda derechito el
rosario de cuentas rojas que cuelga del retrovisor de su carro.
Y es que don Ramón está convencido de que en las elecciones hubo
chapuza. No contaron bien. Hicieron perdedizos los votos y hasta se
robaron algunos.
Por eso no le importa si los bloqueos afectan o no. Es más, ni
siquiera imagina un embotellamiento. Vive en Reynosa desde siempre,
por dios! cómo va a saber?
No le importa que la Rosario pague más de 40 pesos diarios de
estacionamiento porque no se puede quedar cerca de su trabajo.
Ni si el pinshi Erik vándalo sale a pedalear su bicicleta por la
Avenida Reforma o que algunos enfermitos del excelsior se pongan a
jugar beis al lado de la estatua del Caballito. A don Ramón, todo eso
le vale madres.
Reconoce que sabe poco de política, pero habla de eso como si fuera
diputado. Manotea y frunce el seño. Adopta una pose de seriedad que ni
parece que va manjendo un viejo taxi de los que sí cruzan pal' otro
lado.
El hombre pasa de los 70 años...él dice que son 74, pero luego duda y
nomás recalca que son muchos. Bien vividos todos, según. Tiene la risa
pronta y aún se ve macizo. Trae una gorra verde de trailero de la que
se le escurren por todos lados unos irreverentes chinos grises.
Las manos callosas y llenas de pecas envuelven el desgastado hule
negro que recubre el enorme volante de su Malibú 76.
Vuelve a ponerse serio y entonces habla del "fobaprola". Ese dineral
dónde quedó a ver? dónde?, reclama y hasta parece que sus inversiones
se quedaron en esa estafa. Pero no, él nunca ha metido dinero al
banco, porque no le dan confianza.
Pero eso del "fobaprola" lo firmó Calderón. Ese señor pidió que
dejaran por la paz ese asunto para shingarnos a todos, asegura y
entonces se da la media vuelta, arquea las cejas y me mira con cara de
"ah, uste no sabía eso". Orgulloso de mi muuuy espontánea expresión de
sorpresa, regresa sus ojos grises al frente, sonríe y respira
profundo.
"Imáginese si queda el Calderón!. Es un ratero... él y su hermano",
indica don Ramón con el coraje de quien ha sido estafado por un
conocido de la casa.
Y su hermano por qué, oiga?, le pregunto con un repentino interés.
Don Ramón titubea. Hace como que se entretiene viendo los letreros
verdes de las calles. Parece perdido. Luego reacciona igualito que un
iluminado.
"Ah, pos porque él le ayudó a robarse ese dinero que le digo, el de
los bancos", sentencia sin voltear a verme y se queda callado como
esperando la reacción.
Yo no puedo más que sorprenderme de cuántas cosas sabe don Ramón. Se
lo hago saber explicándole que es muy bueno que esté tan enterado de
la política. Consigo sacarle una enorme sonrisa y la mejor de las
respuestas: "Es que, pos uno lee mucho".
El hombre me encantó. Llegamos por fin al mol. Don Ramón se baja a
abrirme la puerta y me sorprende su caballerosidad. Pero cuando lo
tengo enfrente, con su pantalón de mezquilla y su camisa a cuadros
azules, me explica que la puerta se shingó hace mucho y ahora se
traba, entonces no hay más que abrirla por fuera. De cualquier forma
agradezco el gesto y le doy sus 5 dólares con la esperanza de que
nunca se lo frieguen en un "fobraprola".
Besos de negra estafadora
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